Funciones ejecutivas en la vida diaria: una mirada desde la neuroeducación y la conexión
- 1 abr
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¿Alguna vez te has detenido a pensar que detrás de una conducta que te frustra… hay un cerebro que está intentando organizarse?
En muchos espacios educativos y familiares, es común escuchar expresiones como: “no presta atención”, “no sigue instrucciones”, “se distrae constantemente” o “le falta disciplina”. Estas frases suelen surgir con rapidez y, con ellas, las etiquetas. Sin embargo, desde la neuroeducación, la pregunta cambia: ¿qué está ocurriendo en el cerebro de esa persona en ese momento? Cuando transformamos la pregunta, transformamos la mirada. Y al transformar la mirada, también cambia la forma en que acompañamos.
¿Qué son realmente las funciones ejecutivas?
Tradicionalmente, las funciones ejecutivas se describen como un conjunto de habilidades cognitivas que incluyen la planificación, la memoria de trabajo, el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva (Diamond, 2013). Estas habilidades permiten organizar la conducta, tomar decisiones y adaptarse a diferentes situaciones.
No obstante, desde una perspectiva más integral, las funciones ejecutivas pueden entenderse como la capacidad del cerebro para organizarse y responder a las demandas de la vida diaria. No operan de manera aislada, sino que están profundamente influenciadas por el sistema nervioso, las emociones, las experiencias previas y el contexto.
Esto implica que no se trata únicamente de procesos cognitivos, sino de un sistema dinámico en el que interactúan cuerpo, emoción y pensamiento. Como suelo compartir en mis espacios educativos y en el podcast Conectando Neuronas:“el aprendizaje y la conducta no comienzan en la exigencia, comienzan en la conexión”.
Esta idea también aplica al desarrollo de las funciones ejecutivas.

El sistema nervioso: la base invisible del comportamiento
Una persona puede saber lo que tiene que hacer, pero su cerebro puede no estar en condiciones de hacerlo. Desde la teoría polivagal (Porges, 2011), el sistema nervioso responde constantemente al entorno en búsqueda de seguridad. Este estado interno influye directamente en la capacidad de activar funciones ejecutivas.
Cuando el sistema nervioso se encuentra en un estado de alerta, el cerebro prioriza la supervivencia, lo que limita procesos como la planificación o la toma de decisiones. En estados de desconexión o colapso, disminuye la energía disponible para iniciar tareas o sostener la atención. En cambio, cuando la persona experimenta seguridad y regulación, se activan las redes neuronales necesarias para organizar, pensar con claridad y autorregularse.
En este sentido, las funciones ejecutivas dependen del estado del sistema nervioso. Antes de esperar ejecución, es necesario observar regulación.
Las funciones ejecutivas en la vida diaria
Las funciones ejecutivas están presentes en acciones cotidianas. Se evidencian en situaciones como:
Un niño que tiene dificultad para comenzar una tarea.Un estudiante que olvida instrucciones con facilidad.Un adolescente que reacciona de manera impulsiva.Un adulto que posterga decisiones importantes o se siente abrumado al organizar su día.
Con frecuencia, estas conductas se interpretan como falta de interés, motivación o responsabilidad. Sin embargo, desde la neuroeducación, pueden comprenderse como manifestaciones de un cerebro que aún está desarrollando o intentando organizar sus funciones ejecutivas.
La experiencia como base del desarrollo
El desarrollo de las funciones ejecutivas no ocurre en aislamiento. Se construye a partir de la interacción entre la persona y su entorno (Center on the Developing Child, 2011).
Factores como el estrés crónico, la falta de conexión emocional, la inconsistencia en el ambiente o experiencias sensoriales desorganizadas pueden afectar la capacidad del cerebro para regularse, planificar y tomar decisiones.
Por el contrario, entornos que promueven seguridad emocional, relaciones estables, co-regulación y experiencias sensoriales organizadas favorecen el desarrollo de estas funciones.
Esto refuerza la idea de que el cerebro se desarrolla en contexto y que las experiencias tienen un impacto directo en su funcionamiento.
Una mirada desde la Enseñanza Neurosensorial
Desde el modelo de Enseñanza Neurosensorial, las funciones ejecutivas se comprenden como procesos que emergen cuando el cerebro se encuentra en condiciones óptimas.
No se trata de imponer habilidades, sino de crear las condiciones necesarias para que estas se desarrollen.
Las funciones ejecutivas emergen cuando el cerebro experimenta conexión, seguridad, regulación y organización sensorial. Este enfoque desplaza la atención de la corrección de la conducta hacia la comprensión del estado interno de la persona.
En lugar de centrarse en “lo que falta”, se enfoca en “lo que el cerebro necesita”.
Acompañar en lugar de exigir
Desde esta perspectiva, el rol del adulto se transforma. Ya no se trata únicamente de dirigir o corregir, sino de acompañar procesos.
Algunas prácticas que pueden apoyar el desarrollo de las funciones ejecutivas incluyen priorizar la conexión antes de la instrucción, observar el estado emocional antes de intervenir, ofrecer pausas sensoriales que faciliten la regulación, brindar estructura con flexibilidad y modelar estrategias de organización y autorregulación.
Estas acciones no buscan controlar la conducta, sino facilitar que el cerebro acceda a sus capacidades.
Una nueva forma de comprender
Cuando una persona no responde como se espera, no se está observando únicamente una conducta. Se está observando un sistema nervioso en acción, un cerebro en desarrollo y una historia que influye en el presente.
Esta comprensión abre la puerta a una intervención más consciente, respetuosa y efectiva.
Las funciones ejecutivas florecen cuando el cerebro se siente seguro, conectado y regulado. No se trata de exigir más, sino de comprender mejor.
Comprender el cerebro permite transformar la forma en que educamos, acompañamos y nos relacionamos con otros.
Podcasts:
Referencias
Center on the Developing Child at Harvard University. (2011). Building the brain’s “air traffic control” system: How early experiences shape the development of executive function. Harvard University. https://developingchild.harvard.edu
Diamond, A. (2013). Executive functions. Annual Review of Psychology, 64, 135–168. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-113011-143750
Porges, S. W. (2011). The polyvagal theory: Neurophysiological foundations of emotions, attachment, communication, and self-regulation. W. W. Norton & Company.
Shonkoff, J. P., & Phillips, D. A. (2000). From neurons to neighborhoods: The science of early childhood development. National Academy Press.
Zelazo, P. D., Blair, C. B., & Willoughby, M. T. (2016). Executive function: Implications for education (NCER 2017-2000). National Center for Education Research, Institute of Education Sciences, U.S. Department of Education.







Está excelente. Como ayudar a desarrollar las funciones ejecutivas en jóvenes adultos