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Cuando el cerebro se siente seguro, el aprendizaje florece

  • 19 mar
  • 3 min de lectura

Por. Dra. Suzette Mirabal, CPL, NSL, MBT, AEN


El poder de la co-regulación en la Enseñanza Neurosensorial

En un salón de clases, una maestra observa a uno de sus estudiantes. Parece distraído, inquieto, incluso desconectado. Ha intentado repetir la instrucción, cambiar la actividad, ofrecer ayuda… y aun así, el estudiante no responde como ella espera. Lo que muchas veces interpretamos como falta de interés, desmotivación o conducta desafiante, puede ser en realidad una señal mucho más profunda: un cerebro que no se siente seguro.


Desde la mirada de la neuroeducación, y particularmente desde el modelo de Enseñanza Neurosensorial, comprendemos que el aprendizaje comienza mucho antes de los contenidos. Comienza en el estado emocional y fisiológico del cerebro (Immordino-Yang, 2016; Sousa, 2017).


El cerebro aprende en conexión, no en supervivencia

El cerebro humano está constantemente evaluando su entorno:

¿Estoy seguro? ¿Puedo confiar? ¿Es este un espacio donde puedo explorar?


Cuando el cerebro percibe seguridad, activa redes neuronales asociadas con:

  • La atención

  • La memoria

  • La toma de decisiones

  • La creatividad


Sin embargo, cuando percibe amenaza —ya sea real o emocional—, entra en modo de protección. En ese estado:

  • Disminuye la capacidad de concentración

  • Se limita el acceso a la memoria

  • Aumenta la reactividad emocional


Este proceso ha sido ampliamente explicado desde la teoría polivagal, que describe cómo el sistema nervioso responde a señales de seguridad o peligro, influyendo directamente en el comportamiento y el aprendizaje (Porges, 2011).


¿Qué es la co-regulación y por qué transforma el aprendizaje?


La co-regulación es el proceso mediante el cual un adulto regulado acompaña a un niño o estudiante a recuperar su equilibrio emocional y fisiológico. No se trata de “controlar la conducta”, sino de crear las condiciones internas para que el aprendizaje pueda ocurrir.


Desde la neurociencia interpersonal, sabemos que las relaciones seguras y empáticas impactan directamente el desarrollo cerebral, fortaleciendo la integración y la autorregulación (Siegel, 2012).

En la Enseñanza Neurosensorial, entendemos que esta regulación ocurre a través de los sentidos, la conexión y la presencia.


Un tono de voz calmado, una mirada empática, una postura abierta o un ambiente sensorialmente acogedor pueden enviarle al cerebro el mensaje más importante: “Aquí estás seguro. Puedes aprender.”


Estrategias prácticas para fomentar la co-regulación:


1. Conecta antes de enseñar

Un saludo consciente, una sonrisa o una breve conversación pueden preparar el cerebro para aprender (Jennings & Greenberg, 2009).


2. Observa más allá de la conducta

Cada comportamiento comunica una necesidad. Mirar la conducta desde una perspectiva neuroeducativa permite responder con mayor empatía y efectividad.


3. Regula tu propio estado

Tu sistema nervioso influye directamente en el de tus estudiantes. La regulación del adulto es clave en los procesos de co-regulación (Porges, 2011).


4. Integra experiencias sensoriales

Movimientos, pausas activas, texturas o respiración consciente ayudan a reorganizar el estado del cerebro y favorecen la atención (Ratey, 2008).


5. Crea entornos emocionalmente seguros

Espacios donde el error se vea como parte del aprendizaje fomentan la participación, la motivación y la confianza (Immordino-Yang, 2016).


Una mirada desde la Enseñanza Neurosensorial

La Enseñanza Neurosensorial reconoce que el aprendizaje es una experiencia integral donde el cuerpo, las emociones y los sentidos juegan un rol esencial. Este enfoque se alinea con modelos de enseñanza centrados en el cerebro que destacan la importancia del clima emocional, la experiencia sensorial y la conexión para un aprendizaje significativo (Hardiman, 2012).


Cuando integramos la co-regulación en nuestros espacios educativos, comenzamos a atender lo verdaderamente importante:el estado del ser que aprende.


Y es desde ese estado —regulado, seguro y conectado— que el aprendizaje cobra vida.


Tal vez el mayor cambio que podemos hacer como educadores, padres o profesionales no es enseñar más… sino conectar mejor.


Porque cuando un niño se siente visto, comprendido y acompañado, su cerebro encuentra el espacio perfecto para crecer.


Referencias:

  • Hardiman, M. M. (2012). The brain-targeted teaching model for 21st-century schools. Corwin.

  • Immordino-Yang, M. H. (2016). Emotions, learning, and the brain: Exploring the educational implications of affective neuroscience. W. W. Norton & Company.

  • Jennings, P. A., & Greenberg, M. T. (2009). The prosocial classroom: Teacher social and emotional competence in relation to student and classroom outcomes. Review of Educational Research, 79(1), 491–525. https://doi.org/10.3102/0034654308325693

  • Porges, S. W. (2011). The polyvagal theory: Neurophysiological foundations of emotions, attachment, communication, and self-regulation. W. W. Norton & Company.

  • Ratey, J. J. (2008). Spark: The revolutionary new science of exercise and the brain. Little, Brown and Company.

  • Siegel, D. J. (2012). The developing mind: How relationships and the brain interact to shape who we are (2nd ed.). Guilford Press.

  • Sousa, D. A. (2017). How the brain learns (5th ed.). Corwin.


 
 
 

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